En el sistema anterior existente a la ley de convertibilidad 23.928, el banco central emitía en forma libre en función de las necesidades del Estado. El tesoro se endeudaba con el banco central y cada año dicha deuda era cancelada (al menos en teoría).
Hacia abril de 1991, el tipo de cambio equivalía a un dólar cada 10.000 (diez mil) australes. En ese entonces se permitió la libre convertibilidad de cada austral a dólares a la cotización establecida, al aprobarse la 23.928. La ley disponía también que el BCRA debía guardar reservas de libre disponibilidad equivalente a no menos del 110% de la base monetaria con el objeto de institucionalizar mediante sanción legislativa el sistema de conversión impuesto. Para reforzar esta relación entre moneda nacional y divisa norteamericana “se llegó a modificar incluso el código civil de la República Argentina autorizando así los contratos en moneda extranjera”. A la par se prohibió la indexación de los contratos para que la inflación pasada no fuera trasladada al futuro, cortando de esta forma la inercia inflacionaria.
Además se dispuso una rebaja de los encajes bancarios en los depósitos en australes y un aumento de los correspondientes en dólar. Finalmente el 1 de enero de 1992 el austral fue reemplazado por el peso convertible a dólar con una paridad de 1 a 1. La convertibilidad fue un sistema con tres partes que actuaban de manera articulada: 1. Tipo de cambio Fijo; 2. Una moneda convertible y 3. Una emisión monetaria dependiente del ingreso de dólares al B.C.R.A.
Acompañando la filosofía de este nuevo programa macroeconómico sustentado en la ley 23.928, es que se sanciona en el año 1992 la nueva ley del BCRA numero 24.144, donde el BCRA valga la redundancia, ya “no iba a emitir más” en forma libre y en atención a las necesidades estatales; sino que la emisión monetaria “únicamente” sería dependiente al ingreso de dólares al banco central. La convertibilidad modificó sustancialmente el funcionamiento del B.C.R.A. Bajo un sistema estándar, el banco central emite moneda de acuerdo a los criterios fijados por el gobierno y de forma independiente. En los sistemas de “caja de conversión”, la oferta monetaria está determinada por el ingreso o salida de dólares de la reserva del banco central. El gobierno impuso la autarquía del banco central. Este enfoque de banco central independiente es producto de la cultura monetarista surgida en los ’70, cuyo fin buscó lograr la subordinación de la economía productiva a la monetaria. El monetarismo, en alguna medida lo bueno que plantea, es la necesidad de contar con un banco central “independiente” a las presiones de los gobiernos de turno y dispuesto a manejar la oferta monetaria solo con criterios anti- inflacionarios estrictos. La independencia del banco central constituye una opción política tras el resultado de la importancia del sector financiero sobre la economía real.
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