martes, 27 de marzo de 2012

Argentina y sus desastres inflacionarios. Parte I.

Desde principios de siglo XX hasta el final de la segunda guerra mundial, la economía argentina gozó de estabilidad de precios, sufriendo algunos altibajos relacionados con sucesos internacionales tales como la gran depresión de los ’30 o las dos guerras mundiales.

La situación cambió radicalmente a partir de 1945, cuando una serie de medidas adoptadas por Juan Domingo Perón tuvieron efectos nefastos en la estabilidad monetaria y económica. La combinación de proteccionismo industrial, el aumento artificial de salarios y el creciente intervencionismo estatal provocaron serios desórdenes inflacionarios:
Fuente: extraído de  GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA   IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011. Datos Indec.
      
La política adoptada para hacer frente a la suba generalizada de precios no fue precisamente la más indicada, ya que la inflación no sólo no se erradicó sino que se la mantuvo reprimida a lo largo de los años 40 y 50, para luego terminar en el “fogonazo” del año 1959.

Durante la década del ´60 la inflación se redujo, pero se mantuvo en valores superiores al 20% anual promedio. El próximo suceso significativo en materia inflacionaria se produciría en los próximos 10 años, cuando tuvo lugar el famoso “Rodrigazo”.

En el año 1973, se destaca una especie de “pacto social” firmado entre la CGT, la unión industrial de aquel entonces (conocida como la CGE en ese momento) y el gobierno. José Ber Gelbard, ministro de finanzas de Cámpora (y luego continuó con Perón) había sido uno de los grandes promotores del mismo, teniendo como fin reprimir a la inflación. En caso de que queden dudas, es necesario aclarar que no es lo mismo reprimir la inflación que eliminarla. El primer término hace referencia a la contención de la suba de precios a través de mecanismos represivos (valga la redundancia) como la fijación de precios y salarios en forma arbitraria y usando la fuerza del estado. El segundo en cambio, consiste en eliminar el flagelo inflacionario en forma tajante a través de políticas monetarias y fiscales sensatas.

En fin, el pacto social establecía una multiplicidad de controles y regulaciones estatales, sumado a un incremento salarial equivalente al 13% del sueldo promedio. También se incrementaron las jubilaciones y las tarifas de los servicios públicos. Por las dudas, estamos hablando de hace casi 40 años atrás no de la época actual.

Como si lo anterior fuera poco, se intentó congelar los precios por más de un año y hasta en algunos casos, llegaron a obligar a las empresas a bajarlos. El estado exigía a los comerciantes vender sus mejores productos al precio fijado por el estado e inclusive estableció que las empresas no podían lanzar productos al mercado sin la autorización de la entidad estatal.

Hasta el lector más desprevenido puede trazar grandes coincidencias entre las medidas represivas de aquel entonces y las de hoy. Más allá de las diferencias que pueden haber entre unas y otras, esta clase de políticas (si es que se le puede llamar así) nunca están basadas en la sensatez. Siempre responden al delirio de los gobernantes de turnos que emiten y gastan sin control y pretenden evitar el aumento de precios mediante la fuerza pública.

Luego llegó lo que injustamente se conoce como “Rodrigazo”. Alfredo Gómez Morales, sucesor de Gelbard (el verdadero artífice del desastre), tuvo un paso fugaz por el ministerio cuando intentó recomponer las estructuras de precios relativos. Así fue como llegó al cargo Celestino Rodrigo, que en el año 1975 fue quien “sinceró” la economía, provocando un estallido económico y social.

El cuadro 3 muestra los valores históricos correspondientes a los períodos a los que se hace referencia:
 Fuente: extraído de  GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA   IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011. Datos Indec.
      
Fuente: GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011.

viernes, 17 de febrero de 2012

La cultura del estatismo en Argentina

Es notable como desde la última gran crisis que tuvo Argentina en 2002, se instaló fuertemente la idea del paternalismo estatal. Es decir, el reclamo de asistencia permanente del estado en casi todos los ámbitos de la vida social y económica de los argentinos. Esto último ha tomado forma en la enorme cantidad de subsidios estatales a los servicios públicos tales como luz, agua, trenes, colectivos, aviones, subtes, peajes, etc, como así también transferencias directas de ingresos a personas de bajos recursos. 

La consecuencia lógica de todo este desparramo fiscal fue un brutal crecimiento en el consumo en casi todos los sectores de la economía, algo que hoy en día está pasando factura pues el déficit fiscal, la inflación y la lógica desaceleración económica no son un problema menor. La intervención estatal no ha tenido precedentes y los desórdenes macroeconómicos son serios.

Uno de los puntos a destacar de todo desparpajo es el enorme apoyo popular que han tenido estas medidas, y no sólo de la clase baja sino también de la clase media alta también. Pareciera que según la sociedad argentina, el Estado lo debe resolver TODO, olvidándose de que el Estado muchas veces está formado por burócratas y empleados que no se destacan precisamente por su conducta intachable y su calidad técnica, sino justamente todo lo contrario. La ineficiencia del Estado aumenta en forma directamente proporcional con su tamaño, puesto que la burocracia crece y los problemas de la economía lejos de resolverse, se agudizan. Es el único agente de la economía que con tantos recursos, resuelve poco y nada.

Es tiempo de entender que el Sector Público se forma con los aportes que el gobierno impone coactivamente a los ciudadanos productivos, esto quiere decir que destinamos parte de nuestro ingreso para "soluciones" que nunca llegan. Si a alguien se le preguntara si estaría dispuesto a destinar recursos propios a una inversión que sólo da pérdidas y pérdidas, seguramente contestaría con un no rotundo. Sin embargo, en la Argentina, la sociedad está feliz y contenta con este asistencialismo, pese a que estamos soportando la carga fiscal más grande de toda la historia, un sofocante proceso inflacionario y a un gobierno "manoteador" de fuentes de ingresos producto de su enorme déficit fiscal.

El estatismo ha demostrado ser el fracaso económico más grande de toda la historia. ¿Para qué insistir?

  


viernes, 3 de febrero de 2012

Hacia la consolidación de un país bananero

Si se entiende a un país bananero como a todo aquel país pobre, con un sistema político inestable, con instituciones débiles e inexistentes, con un electorado mediocre, cuyos gobiernos se caracterizan por tener a la cabeza un líder de facto (o un dictador encubierto bajo el nombre de "Presidente"), podemos considerar tranquilamente a la República Argentina dentro de la mencionada categoría. Vale aclarar, de República nos queda poco y nada.

A la profunda, larga y triste decadencia institucional de la Argentina se le ha sumado, como si fuera poco, un gobierno de severos tintes dictatoriales, que luego de obtener un triunfo aplastante en las últimas elecciones ha dejado al descubierto sus intenciones de modificar la sagrada (y pisoteada) Constitución Nacional a fin  de eternizarse en el poder.

En su momento fue difícil pensar que esto podía suceder, y cuando digo "en su momento", me refiero al momento en que por lo menos quien escribe, pensaba que este pobre país tenía una sociedad pensante y que además el marco jurídico e institucional no permitirían semejante retroceso en una democracia que tanta sangre nos costó conseguir. 

Para los que todavía soñamos con un país serio, hay dos problemas. Para los sátrapas que quieren eternizarse en el poder y hacer de la cosa pública un negocio y una fuente de poder sin límites, estos dos problemas no son problemas, sino dos grandes ventajas que les pavimenta el camino a la dictadura. Me refiero a la mediocre, ignorante y poco pensante sociedad en la que vivimos y además, al frágil e inexistente orden jurídico institucional.

Con respecto a lo primero, es una sociedad que poco le ha importado los atropellos a la propiedad privada como las confiscatorias retenciones al campo, la estatización de la ANSES, de Aerolíneas Argentinas y de otros impuestos que matan la rentabilidad. Hace oídos sordos a los graves y escandalosos hechos de corrupción, ni tampoco se ha preocupado mucho por los atropellos institucionales a fin de acumular poder excesivo, tal como la ley de superpoderes que otorga facultades excepcionales al poder ejecutivo y que le permite manejar el presupuesto a discreción. Es muy difícil nombrar todos los hechos de corrupción e ilícitos de este gobierno, el punto es que nos encontramos en una sociedad totalmente impávida, que mientras se encuentre económicamente bien lo demás poco le importa.

En cuanto a lo segundo, muchas veces la ley toma partido por la expoliación legal. Es decir, es modificada por el delincuente de turno a fin de poder llevar a cabo sus fechorías con el respaldo de la ley. Valga la redundancia, no es otra cosa que la legalización de la ilegalidad, una práctica muy común entre los déspostas y socialistas del siglo XXI que con el argumento de llevar a cabo sus revoluciones y salvar al pueblo de la opresión imperialista, pretenden eternizarse en el poder para continuar sus negociados y ser amos y señores de sus feudos. Ya lo decía Federico Bastiat en su obra "La Ley": "La ley, a veces defiende y participa en la expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de magistratura, policía, gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado que se defiende. En una palabra: existe la expoliación legal." Más claro imposible.

 Las reelecciones indefinidas constituirían no sólo un retroceso muy grande en la poca democracia que nos queda sino también un mal precedente, puesto que el resto de la dirigencia política deja bastante que desear. Están muy lejos de ser los líderes y estadistas que necesita nuestro país para ser refundado y encaminado a ser lo que alguna vez fue, por ende, no sería de extrañar que lo actualmente se le llama "oposición" saque ventaja de tal situación en lugar de enderezar el rumbo nuevamente. 

No va a ser fácil evitarlo por la pasividad y el desinterés que mantiene la sociedad cada vez que le economía marcha bien. A dónde iremos a parar...

viernes, 11 de noviembre de 2011

Los indicios del tipo de cambio real

El panorama es así: hay mucha (muchísima) moneda local circulando y la cantidad de dólares existente es insuficiente para cubrir su demanda al precio vigente. En otras palabras, hay mucho dinero y el dólar está artificialmente barato, esto es, sostenido a bajo precio mediante venta de reservas por parte del Central y a fuerza de controles por parte de la AFIP. Pero eso no es todo, pues el gobierno, a fin de evitar los efectos contractivos que produce la venta de dólares (ya que salen pesos del circuito económico), ordena al Banco Central la compra de Nobacs y Lebacs para poner en circulación nuevamente los pesos que salieron anteriormente. Es decir, la autoridad monetaria provee el dólar a precio bajo y a su vez entrega dinero a los ahorristas para financiar la compra. Un comportamiento difícil de entender hasta para el ser más iluminado. Tal vez el gobierno tenga la esperanza de que algún suceso inesperado cambie el panorama, como podría ser una lluvia de dólares o que los ahorristas calmen su sed por el billete verde de la noche a la mañana. Por desgracia, nada de eso va a ocurrir. Mientras tanto, el Banco Central sigue perdiendo valiosas reservas y el pánico cunde entre los ahorristas.


Tal vez en términos nominales se perciba un tipo de cambio alto y una moneda local totalmente devaluada (1 U$S = 4,28), sin embargo si se analiza en términos reales y de poder adquisitivo no podemos llegar a la misma conclusión. Para adquirir una unidad de divisa estadounidense, se necesitan 4,28 pesos de moneda local. Considerando el nivel inflacionario actual, no es un gran monto. O sea,  gracias a la inflación la moneda local se encuentra fuertemente desvalorizada, pero tampoco se necesitan grandes sumas para adquirir dólares debido al empecinamiento del gobierno de mantenerlo en un valor bajo. Desde 2007 a la actualidad, la tasa de inflación promedio ha sido de 25% anual, lo que implica un inflación acumulada de 100%. Sin embargo, el dólar sólo se ha aumentado su precio en un 30%. Esto es a lo que se le llama atraso cambiario (o inflación en dólares).


Un buen indicador que se suele utilizar para medir si el tipo de cambio está en el nivel correcto, es la comparación del precio de la hamburguesa Big Mac en el extranjero con el precio de la hamburguesa local. Es lo que se conoce como "índice  Big Mac": 


Dicho índice muestra el poder adquisitivo de un bien extranjero con respecto a un bien local. Para entenderlo veamos un ejemplo: La famosa hamburguesa Big Mac en Estados Unidos es de 3,73 dólares, mientras que en la Argentina la misma cuesta $20 en moneda local. Esto quiere decir que con una hamburguesa estadounidense no se puede adquirir una hamburguesa local, ya que los 3,73 dólares equivalen actualmente a 15,96 pesos argentinos (tomando la cotización oficial). Para poder adquirir la hamburguesa local, el peso argentino debería estar un tanto más devaluado, es decir, por cada dólar deberían darse más pesos que los actualmente se dan. En otras palabras y valga la redundancia, hoy el dólar en Argentina vale poco, hay una revaluación de la moneda local con respecto a la extranjera.


Según esta teoría de tipo de cambio real, el valor óptimo del índice debería ser igual a 1, pues ello implica que tanto la Big Mac extranjera (Valor en dólares x precio del dólar) como la Big Mac Nacional (expresada en pesos argentinos) tienen el mismo valor. Veamos el caso mencionado anteriormente:

 
Acorde a lo anterior, para que exista paridad en los términos de intercambio la moneda local debería estar un 20% más devaluada (o bien podría encaminarse una lucha anti inflacionaria).

Hoy en día el tipo de cambio real está sobrevalorado  y bajo, casi a los mismos niveles que la convertibilidad. Lo muestra el siguiente gráfico elaborado y proporcionado por Inversor Global

Fuente: Guillermo López Dumrauf para Inversor Global. Artículo: Dólar-Inflación-Bolsa: ¿Cómo ha sido la covivencia?publicado por Inversor Global el 10-11-2011


Los movimientos son claros, cuando el tipo de cambio real cae producto de la inflación y este se vuelve insostenible, se termina desembocando indefectiblemente en una mega devaluación que provoca severos efectos contractivos en el nivel de actividad económica. Dicho comportamiento se puede observar claramente en los años 1982, 1989, 2002 y es probable que se repita dentro de poco. Para percatarse de esto último no hacen falta mayores análisis, sino simplemente salir a la calle o leer en los titulares de los diarios los desesperados intentos del gobierno de frenar la compra - venta de la divisa norteamericana. Hasta ahora el resultado ha sido uno solo: las sospechas de que algo malo sucederá.

 

jueves, 27 de octubre de 2011

Enfríar o no enfriar. Esa no es la cuestión.

Extraído de perfil.com. Ilustración de Claudio Muñoz
La inflación se come los ingresos fiscales (el gobierno también sufre la inflación), la soja de vez en cuando amaga caídas junto con la economía mundial y un gasto público insostenible hacen presagiar en un tiempo no muy lejano, un súbito freno a la economía argentina. ¿A dónde van a ir parar tantos años de crecimiento histórico? Nadie sabe, pero si hay algo claro, es que nunca se adoptó una política de crecimiento razonable de largo plazo y ahora la economía nos empieza a pasar la factura. 

La tasa de inflación (que vendría a ser cómo el medidor de temperatura del auto) en todos estos años, no se ha cansado de dar señales de que la onda expansiva de la economía argentina está siendo más que excesiva, a lo que el gobierno nunca le prestó demasiada atención ni importancia (al igual que la sociedad ya que cada vez que puede le da el ok al modelo). No es descabellado que Dilma y su gabinete se asusten por una tasa de inflación anual de 7% ni que los Chinos hagan lo mismo por una tasa del 6%. Una inflación superior al 5 por ciento anual es un llamado de atención para soltar el pie del acelerador, de lo contrario este exceso de "velocidad" podría pagarse caro.

No se trata de ser fanático de la recesión ni de aplicar viejas recetas ortodoxas que hagan sufrir al pueblo ni de sacarle el consumo a la gente, sino simplemente de encontrar una tasa de crecimiento que sea sostenible en el tiempo. De la misma forma que un auto que viaja a 180 km/h corre mucho más riesgo de estrellarse que uno que viaja a 80 km/h, una economía que crece desmesuradamente producto de artilugios de la economía como la ya mencionada desmesura en el gasto público (o el 1 a 1 de los '90) tarde o temprano termina volviendo a la realidad. Cruda realidad mejor dicho, porque si me permiten acudir a una obviedad, cuanto más alta sea la subida más dolorosa será la caída.

Considerando lo anterior, es importante entender que TODA economía tiene recursos LIMITADOS, por ende, el crecimiento es LIMITADO. Si se quiere crecer más, hay que incrementar los recursos ocupados, ¿Cómo?, invirtiendo en capital y trabajo. Si los recursos se agotan, no queda otra que apelar a inversiones que estimulen la PRODUCTIVIDAD de los recursos ocupados. Así se obtiene como resultado un incremento en el producto final y como contrapartida más sueldos para los trabajadores y rentabilidad para los empresarios. En otros términos, el total de ingresos monetarios termina siendo proporcional a la "torta" total obtenida pues, no son más que la retribución a lo producido por cada agente de la economía. Por ende, en una situación así, no deberían existir mayores desequilibrios en la economía.

Hay dos ejemplos ilustrativos al respecto. Uno es Chile, país que en los últimos veinte años llegó a acumular un crecimiento del PBI per cápita (medido en U$S) del 397%, llegando a ser el único país Latinoamericano en reducir la pobreza a la mitad. El otro ejemplo es la Argentina, país altamente dotado de recursos humanos y sobre todo naturales, y con un potencial que hasta ahora no ha sido aprovechado, llegó a registrar un incremento del 111% de su producto per cápita en el mismo período de tiempo.

Fuente: elaboración propia en base a datos del Banco Mundial.

 Lejos de esos discursos tan bonitos y meramente voluntaristas como "el Estado debe garantizar la igualdad de oportunidades" o el "enseñar a pesar en lugar de regalar el pescado", se deben crear condiciones óptimas en la macroeconomía, a fin de brindar previsibilidad a los empresarios a la hora de tomar decisiones de inversión. Esto es lo que se conoce como "Seguridad Jurídica" o "Reglas de Juego". A modo de ejemplo, no es bueno tener una legislación laboral que castigue exageradamente al empleador por denuncias descabelladas del empleado, ni que el gobierno sorprenda con un impuestazo sacado de la galera o tener sindicatos que reclaman aumentos de sueldos totalmente desmesurados. Por el contrario,  al empresario se le debe brindar un mínimo de condiciones que garanticen en gran parte la seguridad sus inversiones, aunque por supuesto siempre pueden existir factores ajenos que las hagan fracasar.Todo ello, se logra fijando políticas de estado.


Una política de Estado es una política de largo plazo, y esa es justamente la diferencia que tiene con una política de gobierno. Esta última la fija el gobierno de turno, mientras que la primera son generalmente fundadas por ESTADISTAS y se caracterizan por estar fijadas en vistas a un desarrollo económico y político de largo plazo. Por ende, es de vital importancia que las políticas de gobierno (independientemente del color del partido gobernante) vayan en consonancia con las políticas de estado. De lo contrario, cada gobierno deshace lo que hizo el anterior (cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia).

La cultura "cortoplacista" que padece la Argnetina nos ha convertido en un país con crisis periódicos que se repiten en promedio cada cuatro años. Ya es hora de que se de entienda la vital importancia de una política de largo plazo, no sólo por parte de las autoridades sino también por parte de la sociedad, pues todos parecen estar contentos con la fiebre de consumo actual y a nadie parece preocuparle mucho los nubarrones que se avizoran en el horizonte.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un modelo que se queda sin nafta.*


Extraído de cucuta.olx.com.co
 La Argentina sin duda ha experimentado tasas de crecimiento inéditas luego de la gran recesión que sufrió a fines de 2001, producto de serios desbalances en la cuenta corriente financiados con endeudamiento externo y de la irresponsabilidad fiscal de las economías provinciales, que a largo plazo tuvieron severos efectos para el nivel de actividad económica y de empleo. Entre 1998 y 2002 el PBI tuvo una caída acumulada del 20% y en el último año la tasa de desempleo superó el 20% anual. Sin embargo, el viento de cola internacional causado por el desenfreno monetario estadounidense de los últimos y la mega devaluación de la moneda argentina a principios de 2002, constituyeron un importante estímulo para las exportaciones agrícolas. El mejor exponente de ello fue el nivel de precios alcanzado por la soja, que en mercados internacionales llegó a registrar un valor de 500 dólares la tonelada aproximadamente, quebrando todos los registros históricos.

La recuperación económica fue notable, a tal punto que la crisis fue olvidad en tan sólo un año o a lo sumo dos. El elevado ingreso de capitales que proporcionaban las exportaciones de soja, permitió al gobierno financiar elevados niveles de gasto público que se destinaron a estimular el consumo sin límites, ya sea subsidiando precios o haciendo transferencias directas a familias de bajos recursos.

Esta política expansiva con el tiempo empezó a mostrar su poca sostenibilidad: a partir del año 2006 la tasa de inflación comenzó a exacerbarse comiéndose el poder adquisitivo de los salarios e ingresos fiscales, a lo que el gobierno respondió convalidando esos aumentos y haciendo nuevas y reiteradas intervenciones expansivas de gasto público. Ante la permanente y lógica falta de fondos, el gobierno lejos de bajar el ritmo de gasto siguió incrementando sus niveles y a la par buscando fuentes alternativas de financiamiento. Es así como se intentó imponer un 45% de retenciones a las exportaciones de soja, como se llevó a cabo la estatización de las jubilaciones, la intervención al Banco Central y a diversos organismos que se constituyeran en financieras del Estado.

Hoy en día y de manera preocupante el modelo se profundiza cada vez más. Preocupante, sí. El gobierno ha demostrado no tener límites a la hora de avanzar sobre la propiedad privada a fin de sostener lo que ellos consideran como el Modelo "Nacional y Popular". Con respecto a esto último, habría que buscar la razón de su nombre, puesto que lejos de lo predicado por el mismo gobierno, los pobres sufren cada vez más con el nivel de inflación galopante y la falta de empleo, agudizándose cada vez su dependencia de los planes sociales proporcionados por el Estado.

Más preocupante aún es la tambaleante economía mundial y el freno del nivel de actividad en Brasil pues, como ya se mencionó anteriormente, la economía argentina ha sido fuertemente dependiente de las exportaciones de productos agrícolas como la soja y diferentes granos a países emergentes como China, como así también de la venta de automóviles al país carioca. La ecuación es sencilla, si cae la economía mundial, cae lo recaudado por exportaciones, el gobierno se desfinancia y todo el sostén de la economía se derrumba como castillo de naipes.

Extraído de intoleranciaciudadana.blogspot.com

Quiérase o no, la economía nacional no vislumbra a mediano plazo un panorama próspero. Tarde o temprano, habrá que pagar la cuenta de una fiesta que no será para nada barata.

* Publicado originalmente por el mismo autor en www.economiayfinanzasag.wordpress.com el día Miércoles 19 de octubre de 2011.