Desde principios de siglo XX hasta el final de la segunda guerra mundial, la economía argentina gozó de estabilidad de precios, sufriendo algunos altibajos relacionados con sucesos internacionales tales como la gran depresión de los ’30 o las dos guerras mundiales.
La situación cambió radicalmente a partir de 1945, cuando una serie de medidas adoptadas por Juan Domingo Perón tuvieron efectos nefastos en la estabilidad monetaria y económica. La combinación de proteccionismo industrial, el aumento artificial de salarios y el creciente intervencionismo estatal provocaron serios desórdenes inflacionarios:
Fuente: extraído de GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011. Datos Indec. |
La política adoptada para hacer frente a la suba generalizada de precios no fue precisamente la más indicada, ya que la inflación no sólo no se erradicó sino que se la mantuvo reprimida a lo largo de los años 40 y 50, para luego terminar en el “fogonazo” del año 1959.
Durante la década del ´60 la inflación se redujo, pero se mantuvo en valores superiores al 20% anual promedio. El próximo suceso significativo en materia inflacionaria se produciría en los próximos 10 años, cuando tuvo lugar el famoso “Rodrigazo”.
En el año 1973, se destaca una especie de “pacto social” firmado entre la CGT, la unión industrial de aquel entonces (conocida como la CGE en ese momento) y el gobierno. José Ber Gelbard, ministro de finanzas de Cámpora (y luego continuó con Perón) había sido uno de los grandes promotores del mismo, teniendo como fin reprimir a la inflación. En caso de que queden dudas, es necesario aclarar que no es lo mismo reprimir la inflación que eliminarla. El primer término hace referencia a la contención de la suba de precios a través de mecanismos represivos (valga la redundancia) como la fijación de precios y salarios en forma arbitraria y usando la fuerza del estado. El segundo en cambio, consiste en eliminar el flagelo inflacionario en forma tajante a través de políticas monetarias y fiscales sensatas.
En fin, el pacto social establecía una multiplicidad de controles y regulaciones estatales, sumado a un incremento salarial equivalente al 13% del sueldo promedio. También se incrementaron las jubilaciones y las tarifas de los servicios públicos. Por las dudas, estamos hablando de hace casi 40 años atrás no de la época actual.
Como si lo anterior fuera poco, se intentó congelar los precios por más de un año y hasta en algunos casos, llegaron a obligar a las empresas a bajarlos. El estado exigía a los comerciantes vender sus mejores productos al precio fijado por el estado e inclusive estableció que las empresas no podían lanzar productos al mercado sin la autorización de la entidad estatal.
Hasta el lector más desprevenido puede trazar grandes coincidencias entre las medidas represivas de aquel entonces y las de hoy. Más allá de las diferencias que pueden haber entre unas y otras, esta clase de políticas (si es que se le puede llamar así) nunca están basadas en la sensatez. Siempre responden al delirio de los gobernantes de turnos que emiten y gastan sin control y pretenden evitar el aumento de precios mediante la fuerza pública.
Luego llegó lo que injustamente se conoce como “Rodrigazo”. Alfredo Gómez Morales, sucesor de Gelbard (el verdadero artífice del desastre), tuvo un paso fugaz por el ministerio cuando intentó recomponer las estructuras de precios relativos. Así fue como llegó al cargo Celestino Rodrigo, que en el año 1975 fue quien “sinceró” la economía, provocando un estallido económico y social.
El cuadro 3 muestra los valores históricos correspondientes a los períodos a los que se hace referencia:
| Fuente: extraído de GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011. Datos Indec. |
Fuente: GARCIA MORENO, AGUSTIN MATIAS. “EL ROL DEL BANCO CENTRAL EN LOS PROCESOS INFLACIONARIOS Y LA IMPORTANCIA DE SU AUTONOMÍA”. Universidad Católica de Cuyo. 2011.
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