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| Fuente: blogs-mk-digital.esden.es |
La inversión genera puestos de trabajo, disminuye la pobreza y aumenta el bienestar de la población. Si el nivel de inversión es lo suficientemente elevado como para reducir el nivel de desempleo a cero, es muy probable las empresas tengan que pagar mejores salarios a sus empleados para que no se los robe la competencia.
Por otro lado, la inversión aumenta el stock de capital por trabajador, haciendo que la productividad de este último aumente. Esto significa que puede producir más en menos tiempo, aumentado la oferta de bienes y servicios, presionando los precios a la baja y permitiendo a la vez un mejor poder adquisitivo del salario nominal.
Lo contrario ocurre en economías dirigidas por "caudillos" populistas o mal llamados "progresistas", que con fines eleccionarios, mantienen elevados niveles de gasto público, privilegiando el crecimiento de corto plazo aún a costa de sufrir agudos procesos inflacionarios en el futuro. Esto sin dudas socava el salario real de los trabajadores disminuyendo su bienestar.
Para atraer inversiones, es fundamental que el país goce de estabilidad jurídica y de reglas de juego bien definidas, tales como el respeto a la propiedad privada y una baja carga impositiva que no ahogue la rentabilidad.
De lo anterior se desprende que el Estado debe garantizar la calidad institucional y establecer políticas públicas de largo plazo, lo cual constituirá un importante impulso para mejorar la capacidad de innovación de las empresas. Cuando esto no se cumple, las inversiones migran a otros países haciendo perder gran cantidad de puestos de empleo.

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