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viernes, 11 de noviembre de 2011

Los indicios del tipo de cambio real

El panorama es así: hay mucha (muchísima) moneda local circulando y la cantidad de dólares existente es insuficiente para cubrir su demanda al precio vigente. En otras palabras, hay mucho dinero y el dólar está artificialmente barato, esto es, sostenido a bajo precio mediante venta de reservas por parte del Central y a fuerza de controles por parte de la AFIP. Pero eso no es todo, pues el gobierno, a fin de evitar los efectos contractivos que produce la venta de dólares (ya que salen pesos del circuito económico), ordena al Banco Central la compra de Nobacs y Lebacs para poner en circulación nuevamente los pesos que salieron anteriormente. Es decir, la autoridad monetaria provee el dólar a precio bajo y a su vez entrega dinero a los ahorristas para financiar la compra. Un comportamiento difícil de entender hasta para el ser más iluminado. Tal vez el gobierno tenga la esperanza de que algún suceso inesperado cambie el panorama, como podría ser una lluvia de dólares o que los ahorristas calmen su sed por el billete verde de la noche a la mañana. Por desgracia, nada de eso va a ocurrir. Mientras tanto, el Banco Central sigue perdiendo valiosas reservas y el pánico cunde entre los ahorristas.


Tal vez en términos nominales se perciba un tipo de cambio alto y una moneda local totalmente devaluada (1 U$S = 4,28), sin embargo si se analiza en términos reales y de poder adquisitivo no podemos llegar a la misma conclusión. Para adquirir una unidad de divisa estadounidense, se necesitan 4,28 pesos de moneda local. Considerando el nivel inflacionario actual, no es un gran monto. O sea,  gracias a la inflación la moneda local se encuentra fuertemente desvalorizada, pero tampoco se necesitan grandes sumas para adquirir dólares debido al empecinamiento del gobierno de mantenerlo en un valor bajo. Desde 2007 a la actualidad, la tasa de inflación promedio ha sido de 25% anual, lo que implica un inflación acumulada de 100%. Sin embargo, el dólar sólo se ha aumentado su precio en un 30%. Esto es a lo que se le llama atraso cambiario (o inflación en dólares).


Un buen indicador que se suele utilizar para medir si el tipo de cambio está en el nivel correcto, es la comparación del precio de la hamburguesa Big Mac en el extranjero con el precio de la hamburguesa local. Es lo que se conoce como "índice  Big Mac": 


Dicho índice muestra el poder adquisitivo de un bien extranjero con respecto a un bien local. Para entenderlo veamos un ejemplo: La famosa hamburguesa Big Mac en Estados Unidos es de 3,73 dólares, mientras que en la Argentina la misma cuesta $20 en moneda local. Esto quiere decir que con una hamburguesa estadounidense no se puede adquirir una hamburguesa local, ya que los 3,73 dólares equivalen actualmente a 15,96 pesos argentinos (tomando la cotización oficial). Para poder adquirir la hamburguesa local, el peso argentino debería estar un tanto más devaluado, es decir, por cada dólar deberían darse más pesos que los actualmente se dan. En otras palabras y valga la redundancia, hoy el dólar en Argentina vale poco, hay una revaluación de la moneda local con respecto a la extranjera.


Según esta teoría de tipo de cambio real, el valor óptimo del índice debería ser igual a 1, pues ello implica que tanto la Big Mac extranjera (Valor en dólares x precio del dólar) como la Big Mac Nacional (expresada en pesos argentinos) tienen el mismo valor. Veamos el caso mencionado anteriormente:

 
Acorde a lo anterior, para que exista paridad en los términos de intercambio la moneda local debería estar un 20% más devaluada (o bien podría encaminarse una lucha anti inflacionaria).

Hoy en día el tipo de cambio real está sobrevalorado  y bajo, casi a los mismos niveles que la convertibilidad. Lo muestra el siguiente gráfico elaborado y proporcionado por Inversor Global: 

Fuente: Guillermo López Dumrauf para Inversor Global. Artículo: Dólar-Inflación-Bolsa: ¿Cómo ha sido la covivencia?publicado por Inversor Global el 10-11-2011


Los movimientos son claros, cuando el tipo de cambio real cae producto de la inflación y este se vuelve insostenible, se termina desembocando indefectiblemente en una mega devaluación que provoca severos efectos contractivos en el nivel de actividad económica. Dicho comportamiento se puede observar claramente en los años 1982, 1989, 2002 y es probable que se repita dentro de poco. Para percatarse de esto último no hacen falta mayores análisis, sino simplemente salir a la calle o leer en los titulares de los diarios los desesperados intentos del gobierno de frenar la compra - venta de la divisa norteamericana. Hasta ahora el resultado ha sido uno solo: las sospechas de que algo malo sucederá.

 

sábado, 19 de marzo de 2011

Una de los '90

En el sistema anterior existente a la ley de convertibilidad 23.928, el banco central emitía en forma libre en función de las necesidades del Estado. El tesoro se endeudaba con el banco central y cada año dicha deuda era cancelada (al menos en teoría).
Hacia abril de 1991, el tipo de cambio equivalía a un dólar cada 10.000 (diez mil) australes. En ese entonces se permitió la libre convertibilidad de cada austral a dólares a la cotización establecida, al aprobarse la 23.928. La ley disponía también que el BCRA debía guardar reservas de libre disponibilidad equivalente a no menos del 110% de la base monetaria con el objeto de institucionalizar mediante sanción legislativa el sistema de conversión impuesto. Para reforzar esta relación entre moneda nacional y divisa norteamericana “se llegó a modificar incluso el código civil de la República Argentina autorizando así los contratos en moneda extranjera”. A la par se prohibió la indexación de los contratos para que la inflación pasada no fuera trasladada al futuro, cortando de esta forma la inercia inflacionaria.
Además se dispuso una rebaja de los encajes bancarios en los depósitos en australes y un aumento de los correspondientes en dólar. Finalmente el 1 de enero de 1992 el austral fue reemplazado por el peso convertible a dólar con una paridad de 1 a 1. La convertibilidad fue un sistema con tres partes que actuaban de manera articulada: 1. Tipo de cambio Fijo; 2. Una moneda convertible y 3. Una emisión monetaria dependiente del ingreso de dólares al B.C.R.A.
Acompañando la filosofía de este nuevo programa macroeconómico sustentado en la ley 23.928, es que se sanciona en el año 1992 la nueva ley del BCRA numero 24.144, donde el BCRA valga la redundancia, ya “no iba a emitir más” en forma libre y en atención a las necesidades estatales; sino que la emisión monetaria “únicamente” sería dependiente al ingreso de dólares al banco central. La convertibilidad modificó sustancialmente el funcionamiento del B.C.R.A. Bajo un sistema estándar, el banco central emite moneda de acuerdo a los criterios fijados por el gobierno y de forma independiente. En los sistemas de “caja de conversión”, la oferta monetaria está determinada por el ingreso o salida de dólares de la reserva del banco central. El gobierno impuso la autarquía del banco central. Este enfoque de banco central independiente es producto de la cultura monetarista surgida en los ’70, cuyo fin buscó lograr la subordinación de la economía productiva a la monetaria. El monetarismo, en alguna medida lo bueno que plantea, es la necesidad de contar con un banco central “independiente” a las presiones de los gobiernos de turno y dispuesto a manejar la oferta monetaria solo con criterios anti- inflacionarios estrictos. La independencia del banco central constituye una opción política tras el resultado de la importancia del sector financiero sobre la economía real.